... Tampoco pues...
Decía la Doctora Tamara Adrián, eminente Abogada venezolana, invitada a las 2as Jornadas de Derecho, Género y Sexualidad realizadas en la Universidad Eafit a principios del mes de septiembre “puedes saber mucho de discriminación racial, de políticas de segregación, de ascendencia africana, pero si no eres negro, nadie te va a creer”. Curiosamente en ese mismo evento se presentó una situación similar y aunque no creo que la Dra. Tamara lo haya dejado pasar por alto por negligencia, si no mas bien por no generar resquemores con los otros ponentes, se me hizo poco menos que intolerante el que a la ponente heterosexual, la hubieran tratado como a un bicho raro.
De antemano aclaro, si alguno de los ponentes me lee –que es posible porque varios de ellos tienen también su blog en este vecindario –, el presente post se compone única y exclusivamente de lo que un servidor, como asistente al evento, pudo percibir desde su silla al momento del cierre. No se realmente qué ocurrió o pudo haber ocurrido, no sé si todo consista en que más allá de su experticia, la Médica –cuyo nombre, por puro respeto, no mencionaré – se hubiera puesto pesada con respecto a la connotación moral de sus apreciaciones, se haya manifestado en contra de la adopción por parte de parejas del mismo sexo u opuesto de lleno al matrimonio. Lo único que sé es que para el final de las jornadas, a la Médica le tocó defenderse a capa y espada de las sátiras que la mayoría homosexual le estaba echando, y la verdad no fue algo muy agradable de ver.
La cosa fue así. La Universidad Eafit, pionera local del debate sobre los derechos de la población LGBT, desde el año pasado organiza un evento académico para estudiar los temas du jour sobre el particular. Este año, no sé si como variación al año anterior, decidieron meter en la agenda una perspectiva clínica sobre la preferencia genérica –aquello vulgarmente conocido como orientación sexual – y, más tarde ese día, sobre las disforias de género –más conocidas como transgenerismo –. La Médica, cirujana, psiquiatra y sexóloga –muy joven y muy bonita además –, se fajó en ambos casos, un par de exposiciones magistrales, podría decir, casi sin temor a equivocarme, que aprendí más de lo que dijo ella que de lo que dijeron aquel par de colegas míos que subieron al estrado a hablar sobre las estrategias de litigio utilizadas en las demandas presentadas ante la Corte Constitucional y por las cuales se obtuvo reconocimiento de derechos.
La Médica hizo migas con la Dra. Tamara, o al menos eso me pareció ver durante el almuerzo del primer día, sin embargo, al cierre de las jornadas de ese día, el ambiente empezó a verse tenso en torno suyo. Los demás conferencistas, salvo la doctora, empezaron sistemáticamente a anular cada una de sus apreciaciones, a debatirle con hostilidad a decir, palabras más, palabras menos, que no se puede hablar de homosexualidad sin ser homosexual, que no se puede hablar de disforia si uno está conforme con su configuración anatómica. Y al día siguiente, al momento del cierre del evento, en un panel abierto para todos los ponentes, varios de ellos se encargaron de recordarle –sutilmente por supuesto –, que ella era el mosco en la leche.
Vuelvo y digo, no sé qué haya detrás de eso, y tal vez sea hasta posible que cuando llegue a tener un conocimiento holístico sobre lo que ocurrió ese día, yo también me ponga como una fiera y se me despierten instintos homicidas con respecto a la Médica. Sin embargo, como simple espectador, como mero mortal, puedo decir que aunque han sido muchas las ocasiones en las que aquí he manifestado todo lo que me desagradan los heterosexuales, no hay razón para que en un evento ACADÉMICO, donde lo que se está debatiendo son resultados de investigación, temas susceptibles de debate, conclusiones de experiencias judiciales, análisis estadísticos y aspectos científicos, terminen los ponentes descalificando a uno de sus pares, simplemente porque no va a la cama con una persona de configuración genital similar a la suya. En ese sentido, considero que las Jornadas me decepcionaron un poco: si buscamos la aceptación, la tolerancia, el respeto y sobre todo, que nadie se meta entre nuestras sábanas para calificarnos de una u otra manera, ¿quién nos ha arrogado el derecho a metérnosle entre las de los heterosexuales cuando comparten nuestros espacios?
Entre tanto: ¿se acuerdan de la vieja de la que habló Mila en el post anterior?, la pueden ver por ahí en las fotos de las manifestaciones que hubo en contra de la clínica de la mujer. Esto para que comprendan que esa figurilla siniestra puede empezar a convertirse en un dolor de cabeza –más –.
De antemano aclaro, si alguno de los ponentes me lee –que es posible porque varios de ellos tienen también su blog en este vecindario –, el presente post se compone única y exclusivamente de lo que un servidor, como asistente al evento, pudo percibir desde su silla al momento del cierre. No se realmente qué ocurrió o pudo haber ocurrido, no sé si todo consista en que más allá de su experticia, la Médica –cuyo nombre, por puro respeto, no mencionaré – se hubiera puesto pesada con respecto a la connotación moral de sus apreciaciones, se haya manifestado en contra de la adopción por parte de parejas del mismo sexo u opuesto de lleno al matrimonio. Lo único que sé es que para el final de las jornadas, a la Médica le tocó defenderse a capa y espada de las sátiras que la mayoría homosexual le estaba echando, y la verdad no fue algo muy agradable de ver.
La cosa fue así. La Universidad Eafit, pionera local del debate sobre los derechos de la población LGBT, desde el año pasado organiza un evento académico para estudiar los temas du jour sobre el particular. Este año, no sé si como variación al año anterior, decidieron meter en la agenda una perspectiva clínica sobre la preferencia genérica –aquello vulgarmente conocido como orientación sexual – y, más tarde ese día, sobre las disforias de género –más conocidas como transgenerismo –. La Médica, cirujana, psiquiatra y sexóloga –muy joven y muy bonita además –, se fajó en ambos casos, un par de exposiciones magistrales, podría decir, casi sin temor a equivocarme, que aprendí más de lo que dijo ella que de lo que dijeron aquel par de colegas míos que subieron al estrado a hablar sobre las estrategias de litigio utilizadas en las demandas presentadas ante la Corte Constitucional y por las cuales se obtuvo reconocimiento de derechos.
La Médica hizo migas con la Dra. Tamara, o al menos eso me pareció ver durante el almuerzo del primer día, sin embargo, al cierre de las jornadas de ese día, el ambiente empezó a verse tenso en torno suyo. Los demás conferencistas, salvo la doctora, empezaron sistemáticamente a anular cada una de sus apreciaciones, a debatirle con hostilidad a decir, palabras más, palabras menos, que no se puede hablar de homosexualidad sin ser homosexual, que no se puede hablar de disforia si uno está conforme con su configuración anatómica. Y al día siguiente, al momento del cierre del evento, en un panel abierto para todos los ponentes, varios de ellos se encargaron de recordarle –sutilmente por supuesto –, que ella era el mosco en la leche.
Vuelvo y digo, no sé qué haya detrás de eso, y tal vez sea hasta posible que cuando llegue a tener un conocimiento holístico sobre lo que ocurrió ese día, yo también me ponga como una fiera y se me despierten instintos homicidas con respecto a la Médica. Sin embargo, como simple espectador, como mero mortal, puedo decir que aunque han sido muchas las ocasiones en las que aquí he manifestado todo lo que me desagradan los heterosexuales, no hay razón para que en un evento ACADÉMICO, donde lo que se está debatiendo son resultados de investigación, temas susceptibles de debate, conclusiones de experiencias judiciales, análisis estadísticos y aspectos científicos, terminen los ponentes descalificando a uno de sus pares, simplemente porque no va a la cama con una persona de configuración genital similar a la suya. En ese sentido, considero que las Jornadas me decepcionaron un poco: si buscamos la aceptación, la tolerancia, el respeto y sobre todo, que nadie se meta entre nuestras sábanas para calificarnos de una u otra manera, ¿quién nos ha arrogado el derecho a metérnosle entre las de los heterosexuales cuando comparten nuestros espacios?
Entre tanto: ¿se acuerdan de la vieja de la que habló Mila en el post anterior?, la pueden ver por ahí en las fotos de las manifestaciones que hubo en contra de la clínica de la mujer. Esto para que comprendan que esa figurilla siniestra puede empezar a convertirse en un dolor de cabeza –más –.

6 Comentarios:
Siempre va a ser errada cualquier postura que prohiba hablar, sea por la razón que sea.
Estoy de acuerdo que no es lo mismo hablar desde la vivencia personal que desde una opinión externa, pero no por eso hay que descalificar a nadie...
Parece ser que a pesar de los títulos se sigue siendo humano, y ahí nada que hacer al respecto.
Nos estamos leyendo
Pridamo
Creo que son precisamente ese tipo de reacciones, que más que defendernos a sí mismos o nuestras opiniones, solo hunden un tanto más la imagen que poseen los mal-llamdos "normales" de nosotros....
Un abrazo!
La tan cacareada 'academia' no es mas que un reflejo brillante de lo que se ve en la sociedad 'corriente'. Los títulos solamente ayudan a que los susodichos tengan un mejor salario. Las mezquindades, prejuicios y demás carencias del vulgo siguen estando presentes... Que pesar.
Hola Milo,
Acepto que desde el punto de vista meramente formal, no es indispensable ser miembro de "La Natillera", para ofrecer una visión enriquecedora en este tipo de debates; al fin y al cabo los sentimientos, las frustraciones y los deseos humanos son invariables sin importar el sabor de piel que cada quien prefiera.
Otro cantar sería cuando alguien que no ha metido los pies en el barrizal, pretenda dar cátedra y ser la voz mas autorizada sobre algo que no conoce en carne propia... Un ejemplo patético de esta afirmación es el curita de parroquia dictando cursos prematrinoniales.
PD: Me dejaste pensando en la famosa médica, no será que ya tenemos en Medellín al igual que en Madrid nuestra propia Ana Botella?
Saludos.
Creo yo que el activismo es una corriente con fuerza, con tanta fuerza que arrastra a sus seguidores, un ejemplo claro esta en los discapacitados exigen tanta prelacion que terminan desplazando a quienes no tienen discapacidad.
Igualdad de derchos refiere el derecho a noser discriminado que es muy difernete al derecho a discriminar.
Buen tema como siempre, un abrazo mi respetado Milo.
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