viernes, julio 10, 2009

Protégeme (VII)

Sospechó desde un principio que se convertiría en algo así como su tabla de náufrago, porque pudo haberlo sacado de un encierro de dos meses exceptuado sólo por las visitas a la Fiscalía, pero eso no quería decir que por dentro no fuera un prisionero de su propio dolor. Vicente, que toda su vida había renegado del compromiso, se resistía a posesionarse o a ser posesivo y combatía cualquier intento de dominación; que tenía amantes en cada una de las comunas de la ciudad, de Buenos Aires hasta Belén y del Playón hasta la Colinita, y en cada uno de los municipios vecinos; y que había jurado dedicar su vida a dejarse hechizar por la magia del firmamento inverso de una panorámica nocturna de Medellín, había caído rendido a los pies de Roque sin saberlo, sin quererlo.

Y no fue por el encanto de ese hombre atractivo que era, tampoco por su locuacidad o por todas las cosas en común que encontró con él a tan sólo diez minutos de haber comenzado a conversar, no, su gusto por Roque lo sentía desde lo más profundo de su alma, como si todos sus safaris en el asfalto hubieran terminado donde menos lo esperaba: en una habitación, sobre una cama y no teniendo sexo; escuchando neo punk, medio depresivo, pero no tomando sustancias recreativas; sintiéndose observado desde un portarretratos por un monito con una sonrisa debatida entre cínica y celosa, y luego bajo permanente vigilancia de un fantasma con heridas de alambre de púas en las muñecas. No se paró a pensar si era correspondido, había encontrado una nueva religión en ese que ahora revoloteaba en su cabeza como una polilla en busca de la luz y sería su devoto hasta que él quisiera.

Sabía que Roque necesitaba embotellar su dolor y darle la espalda. Era consciente de que la botella podía ser él y terminar en un rincón después que el duelo terminara. No le quedaba duda alguna respecto de dar pasos en falso cada que se sentía acercarse a él y de que podía caerse en cualquier momento. Se desconcertaba y al mismo tiempo se sorprendía al ver qué poco conocía de sí mismo, como si esa parte suya hubiera estado dormida toda su vida, como si la dureza de las calles que había aprendido por gusto propio no fuera suficiente para dominar al corazón y para despejar la razón cuando se estaban tomando riesgos innecesarios. No obstante, después de un mes de extensas conversaciones, de música oscura, de cervezas dolidas y de salidas al vacío sin pisar el andén al salir del taxi y casi sin tocarlo al tomar el de regreso, ocurrió lo inesperado: Roque empezó a actuar como un caballero de la corte del rey Arturo.

Y no porque Vicente se considerara una damisela en apuros, sino más bien porque empezó a desarrollar una extraña tendencia a meterse en problemas sin querer. Esa noche habían decidido encontrarse, por primera vez desde que salían, en un bar de miedo en la zona rosa de Manrique, uno de los barrios de la gran comuna nororiental de Medellín. Era lo más animado que habían pisado en el último mes, para alguien que ha estado durante este tiempo entre góticos, “gronchos” y emos, escuchar un poco metal, de punk, de ska y de industrial venía bien. Llegaron al mismo tiempo y Roque temblaba. Era la primera vez que salía solo de casa, Vicente siempre iba por él y no perdió la oportunidad para felicitarlo por tan encomiable avance. Roque apreció el gesto, pero no le dio mayor trascendencia.

Se sentaron en una mesa a y pidieron media de aguardiente. Otro avance: Roque despreciaba los tragos fuertes desde el día que menos quería recordar. Vicente no pudo evitar pensar que todo lo había logrado él, pero al mismo tiempo temía que esta fuera la señal inequívoca de que no sería visto más que como un amigo en lo que les quedaba de existencia compartida. La conversación cambió de modo radical, nunca había visto el lado frívolo de Roque, esa parte de él que no podía vivir sin ropa de marca, sin una colección actualizada de música, sin sentarse en el Parque Lleras a ver niñas y niños bonitos caminar con la altivez de modelos de pasarela europea, sin hablar de las andanzas de la modelo du jour. Esa faz, lejos de repugnarle, lo encantó: si Vicente se iba a la cama esa noche sin un beso, no podría vivir tranquilo jamás de nuevo.

Pero obtuvo más que un beso. A las doce de la noche, el administrador del bar mandó levantar las mesas y abrir campo para empezar un pogo. La idea de agarrarse a empujones y a patadas con los demás no seducía en absoluto a Roque, a Vicente le fascinaba. Sonaron los Smashing Pumpkins y ambos sonrieron, era el pogo más anémico en el que habían estado en su vida, enérgico, pero poco agresivo. Luego vinieron Bad Religion y Rancid, las cosas empezaron a calentarse y Vicente se dejó llevar por la música, los golpes y los codazos que iba recibiendo. Estalló Metallica y el remolino de empellones empezó a absorber cada vez más a la concurrencia del bar. Vicente vio que Roque se movía hacía los extremos tratando de no mezclarse, pero sabía que tarde o temprano entraría al círculo: su dedo gordo del pie ya había sufrido la arremetida de un tacón puntilla, ni las mujeres se estaban privando de hacerlo. Para cuando Pantera inundó el lugar, no había una sola persona quieta en él, todos se movían en un bacanal de placentero sadomasoquismo, sin pensar en sexo, sin pensar en bienestar, sólo en el gusto de llenarse el cuerpo de moretones.

Entonces vino “The Skank heads” de Skunk Anansie. Vicente sabía que Roque iba a enloquecer pues le encantaban “Skin” y su banda, pero hubiera preferido no detenerse a pensarlo porque en cuanto lo hizo, alguien le dio un empujón que lo estrelló de cara contra una cerveza que se regó entera sobre la camisa de la novia de un patán de dos metros de altura y ciento cincuenta kilos de peso que, ante los gritos de su dama, no tuvo mejor idea que agarrar a Vicente a golpes. Skunk Anansie seguía a toda potencia mientras Vicente se convertía en un nazareno confundido en el furor del pogo.

Continuará...

7 Comentarios:

Aki®a dijo...

Extremo... muy extremo.

Luis Contreras dijo...

Milo......te odio! Te odio por ser tan magnifico al escribir y poner en evidencia mi falta de talento para competir contigo...te odio porque eres magistral mas alla de todo deseo propio....pero sobre todo te odio, y permiteme acentuar esa expresion, TE ODIO! porque me vas a poner a esperar de nuevo!!!!

Ya mas en serio, no te odio, te adoro, eres excepcionalmente bueno y me dejan mudo tus palabras.

Un abrazo.

Sixpence Notthewiser dijo...

Totalmente adictivo... y me ha dado algo al leer lo de las conversaciones extensas y la musica oscura. Eso sin mencionar lo del pogo.
Fab, Milo, fantab.

XOXO

Joey dijo...

Me encantan los pequeños detalles que habia pasado por alto antes, la fotografia era uno de ellos, bueno creo que esto se empieza a armar, me recuerdas peliculas como '7 almas' o 'Sexto sentido' en las cuales hacia el final empieza a desenredarse el ovillo.

Magnifico trabajo mi admirado Milo, aunque crudo es expectante.

Un abrazo.

Monchis dijo...

sigo leyendo y cada vez mas atrapado.....

El Joker dijo...

Milo.

Sordido, voraz... demasiado rapado y metalero para mi gusto.

Sin embargo el intento por acercarnos a los iletrados al mundo metal es un gran intento.

Abrazos

Memo pero no Orozco! dijo...

Como siempre......en uno de los puntos mas intensos e interesantes de esta historia...toca esperar...ni modo, hasta el siguiente....

Saludos!!!!